Thursday, November 10, 2005

Más lejos; más cerca.

Nunca supe q te tuve hasta q te vi dejándome. Nunca supe q era tuya, hasta q tu “hasta siempre” me pareció angustia eterna.

Creo q he intuido mil caminos antes de decidir dar estos primeros pasos. Intento mantener la fija vista en aquello por lo que tanto sufrí para empezar a acercarme.

Y por el camino noto todas esas sombras, todas esas formas q se vuelven inversas, o simétricas y dependen de la velocidad de mis pasos.

Te veo venir hacia mí, con esa aparente indiferencia, aunque sé q deseas saber q te estoy mirando, que deseas q lo haga, y q deseas lo que siento.

Deseo mil momentos que todavía no han pasado. Y conozco la manera de recorrerlos y la manera de sorprenderme ante ellos. Te conozco a ti, y a otro par de regalos que la vida ha puesto en este trayecto.

Por supuesto, orgullosa de muchas cosas. Frustrada tb. Y toda la gama de sensaciones que vayan del cielo al infierno.

En el medio, más abajo, o rozando el clímax, sé que siempre tendré la mano a tu alcance y tenderé la idea más remota que pueda ayudarte a alcanzarme.

Algo me ha rescatado. Algo tan tan tan tan….. Infinita espera. No deseo su final! Quiero q se haga de rogar, quiero… quiero no temerla. Y si llega, entonces, será el final más calmado. Calma. Satisfacción de haber hecho. De haber errado. De haber conocido y haber fallado. Y todo, para llegar al punto en el que me encuentre y en el q me encuentro.

Te observo. Tan distante y tan cerca q prácticamente ya ni te veo. Tengo que girarme. Porque a través de mi fuerza has aprendido a empujarme. Para q me atreva. Para q no me hunda. Para q el cansancio no me impida seguir avanzando.

Sé q eres tú. Lo sé porq te veo. Lo sé porq te siento. Lo sé, porq nadie más q tú podría serlo.

El tiempo, a tiempo... en él.

Por qué últimamente las lágrimas consuelan más q las palabras… Quizás sea q se acerca la salida, y es doloroso, aunque sepas que fuera está la luz. No quiero ver. No quiero abrir los ojos a tantas cosas desconocidas que no sabré afrontar… como lo he hecho hasta ahora. Me apasiona pensar en lo brillante de salir airosa, me atemoriza acabar creyendo q no tenía q haber buscado la escapatoria, que no había de qué escapar. No puede ser q el negativo vuelva positivo lo q en su momento lo fue… (positivo con algo negativo que acabó siendo, si no demasiado, insalvable).
Puedo estar equivocada. Me lo permito. Y es muy probable que lo esté. Pero. Pero… necesito saberlo, necesito ahogarme en el dolor que provoque el golpe. Estrellada, nunca de otra forma, sabré que aquel brillo era el verdadero, y no por la conveniencia de la seguridad q no gratificaba totalmente, sino por la sensación irracional del vacío melancólico…. cuando inunde la melancolía vaciada. De ilusiones. De las que tuve creyendo estar desorientada. De vida. De la que desorienté creyendo estar coartada.

La trama se complica y no puedo más q subir el volumen de una palabra, sólo una, q ahogue el vacío estridente. El vacío! De nuevo? Por siempre. Me lo contestaron cuando pregunté dónde estaban demasiadas cosas, y cómo conseguirlas.

Quién puede decírtelo cuando has escuchado más sus vidas que la propia, cuando la sabiduría se forja en el análisis inductivo. No puedo aconsejarme a mí misma y todos buscan mis palabras? Porque todos sabemos cuándo nos escuchan. Nadie finge sentirse querido si está siendo amado. Y nadie ama, si se siente fingido.

Cuánto apoyo encierran momentos… fugaces. Palabras furtivas q no creían servir de tanto apoyo. Un poema. Un abrazo. Una palabra especial de los labios más especiales. Y el sonido más dulce que puedan emitir. El detalle más pequeño en forma y cargado del cariño grabado a fuego.

Tengo el tatuaje de tu empatía. Y no necesito ningún agujero… más, para q me atraviese tu encanto. Me has traspasado entera. Me has ayudado. Y los golpes de risa que he buscado, sin dejar escapar a nadie al q no viese demasiado magullado, te deben la fuerza para seguir alzando sus puños. Te deben el verme de tantas maneras, que muchas han sorprendido a mi propia visión. Me has pillado de sorpresa. Y no sabes qué agradecida estoy de haberte encontrado.

No sale quien no desea salir y quien no deseas que salga. Aunque no esté. Aunque su presencia se haya marchado. Quién no podría contar, en la ausencia, las veces que se daría la vuelta para comprobar algo. A qué puerta iría más rápido si intuyese una visita inesperada…

Y yo… yo sólo espero q el día que seas feliz o auqél en q te sientas desgraciada; cuando quieras hablar, llorar, o sólo mirarme… me abras.

Wednesday, November 09, 2005

...demasiadas noches en vela, y más velas por venir..

Para el amor que siempre existe, aunque se oculte entre tantos minutos perdidos… Para el cariño sincero que la distancia envidia por su batalla perdida. Por la cercanía de almas que se comprenden aunque no cuenten con hechos, sólo con empatía.

Por los días en que vendrás a salvarme de este vacío, de todo este mapa demasiado antiguo, impersonal y transferido.

Porque los días sin ti fueron desconocidos y los que conocí contigo también tuvieron fallos. Ahora, los perfectos pecan de anodinos sin tus defectos, sin todos esos motivos que erizaban mi vello, enervaban mi cuerpo y alteraban mi ánimo.

Por toda la pasión contenida en el segundo en que te veo, en la imagen en la que te pienso, y en todo recuerdo.

Para que los ecos de cada gemido, de dolor, de placer o de miedo encuentren su compás adecuado.

Demasiadas líneas como para no buscar sus intrusas, su origen, su registro y su final. En éste no harán otra cosa nuestros caminos que volver a cruzarse temiendo el siguiente punto continuo. Por qué amargarse por el final, cuando lo tendrá, aunque se trate de la historia perfecta… Por qué preocuparse de tantas cosas q nunca empiezan a ser reales hasta el día en que ese temor se vuelve coraje.

Tu ímpetu frenó mis miedos, y el eco de mi estímulo impulsó el criterio enterrado entre tus vivencias.

Más calmada, más reflexiva aún con la angustia de perder tiempo. Viviendo el día a día en función del que esperamos y según el pasado. Agrupando recuerdos en el cajón oportuno y cerrando con llave los que han hecho demasiado daño.

Tengo la llave, la del dolor y no la tiro porque es él quien me demuestra que todavía quiero abrirlo, que no puedo prescindir de lo que guarda dentro. Si lo he guardado no he querido perderlo, y si lo pierdo volveré a intentar resguardarlo. En mi mano, en el cobijo que mi seguridad arrebató a la indiferencia que el mundo mostraba a la felicidad ajena, a la historia que traspasaba la pantalla pero se volvía demasiado cinematográfica.

Pégame si quieres, tus golpes ya los he sentido. Bésame, porque el sabor ya nunca podrá evaporarse. Rózame, para saber que mi sensación coincide con la tuya. Para sentirlo, por amarlo y para desearlo aunque esté en medio de un campo de minas.

Buscado y hallado. Excéptica y desengañada. Nunca, nunca, desanimada, porque sigo amando. Sigo… sigo creyendo.